Hacerse un piercing dura unos segundos; cuidarlo, semanas o meses. Y buena parte de los problemas que se ven con un piercing nuevo (irritación, bultos, infecciones, joyas que se quedan pequeñas) tienen que ver con el cuidado posterior, no con la perforación. Por eso los cuidados de un piercing son, de hecho, la parte más importante del proceso.
Cada zona del cuerpo cicatriza a su ritmo: el lóbulo de la oreja se asienta antes que el cartílago, la nariz tiene sus propias particularidades y el ombligo o la lengua piden precauciones distintas. Lo que se mantiene igual es el principio: limpieza, paciencia y no tocar.
En esta guía repasamos cómo es la cicatrización, qué se hace a diario, qué conviene evitar, qué materiales se usan en una primera perforación según la normativa de Madrid y cuándo es el momento de acudir a un profesional. Es información general: las indicaciones del profesional que te perfora mandan.
Cómo cicatriza un piercing
Un piercing es una perforación en la piel que el cuerpo tiene que ‘forrar’ de tejido nuevo alrededor de la joya. Mientras eso ocurre, la zona puede estar sensible, ligeramente enrojecida y con alguna secreción clara que forma pequeñas costras alrededor de la joya. Es la respuesta normal de la piel a una herida.
El tiempo que tarda depende sobre todo de la zona: el lóbulo suele asentarse en semanas y el cartílago en bastantes más. En la nariz y en zonas como el ombligo, el proceso puede alargarse, y hay personas que cicatrizan más rápido o más despacio que otras. Aunque por fuera parezca curado, por dentro la piel sigue madurando, y por eso no conviene cambiar la joya ni dejar los cuidados antes de que el profesional lo diga.
Un dato práctico: un piercing que ‘pasa bien’ las primeras semanas puede irritarse después por un golpe, un roce o un cambio de joya prematuro. La cicatrización es larga y es mejor no bajar la guardia al notar mejoría.
Las primeras semanas: qué hacer cada día
La rutina básica es corta y se mantiene durante todo el periodo de cicatrización:
- Lavarse las manos antes de tocar la zona. Es la medida de higiene más eficaz y la más olvidada.
- Limpiar con el producto y la frecuencia que indique el profesional. Lo habitual es una solución salina o un limpiador suave; no hay un producto universal y por eso no damos marcas.
- Secar a toquecitos con papel limpio o gasas, sin algodón que suelte fibras.
- No manipular la joya. Girarla, moverla de más o tirar de ella irrita la perforación y alarga la cicatrización.
No hace falta más. Los remedios caseros, los productos agresivos y el exceso de limpieza suelen ser peores que un cuidado sencillo y constante.
Qué evitar mientras cicatriza
Hay hábitos que complican la cicatrización y que casi todo el mundo repite sin darse cuenta:
- Tocar el piercing con las manos sucias. Es la causa más común de irritaciones e infecciones.
- Dormir sobre el piercing. En las orejas, la presión mantenida durante horas es una de las causas más frecuentes de bultos de irritación. Una almohada con hueco o un cojín de cuello pueden ayudar.
- Maquillaje, lacas y cremas sobre la zona. Se acumulan en la joya y en la perforación.
- Piscina, mar, bañera y sauna durante la cicatrización.
- Cambiar la joya antes de tiempo. Una perforación que parece curada puede cerrarse o irritarse si se cambia la joya demasiado pronto.
- Productos agresivos como alcohol o agua oxigenada sin indicación profesional.
Y un matiz importante: en la nariz y en la oreja, los golpes con el pelo, la ropa, los auriculares o las mascarillas son más habituales de lo que parece. Si un piercing se engancha o se golpea, conviene revisar la zona con calma.
En un piercing, la perforación dura segundos; la cicatrización, semanas o meses. El cuidado lo decide todo.
Idea que resume la importancia del cuidado posterior
Irritación o infección: cómo distinguirlas
Es la duda más frecuente y la que más inquieta. De forma muy general:
- Irritación: enrojecimiento localizado, sensibilidad y a veces un pequeño bulto alrededor de la joya, normalmente tras un roce, un golpe o por dormir sobre el piercing. Suele mejorar al eliminar la causa y mantener la limpieza sencilla.
- Posible infección: dolor que aumenta en lugar de disminuir, calor persistente en la zona, hinchazón creciente, secreción espesa, amarillenta o con mal olor, y, en los casos más serios, fiebre o malestar general.
Ante signos de infección, no esperes a que pase solo ni te automediques con pomadas o antibióticos: consulta con un profesional de salud. Y no te quites la joya por tu cuenta sin que alguien lo valore, porque el orificio puede cerrarse y atrapar la infección dentro. Si dudas entre irritación e infección, lo prudente es preguntar al profesional que te perforó y, si es necesario, al médico.
Joyas y materiales: qué dice la normativa de Madrid
En una primera perforación, el material de la joya importa tanto como la técnica. El decreto que regula tatuaje y piercing en la Comunidad de Madrid (Decreto 35/2005) establece que las joyas utilizadas serán de acero quirúrgico, oro de 14 quilates como mínimo o titanio, con el objetivo de reducir el riesgo de infección o de reacción alérgica. Además, el material que atraviesa la piel debe ser estéril y de un solo uso.
Esto tiene una consecuencia práctica: las joyas de bisutería o de metales dudosos, muy comunes en el comercio, son una fuente habitual de alergias e irritaciones. Si en algún momento notas picor intenso, ronchas o supuración alrededor de una joya, la sospecha del material es una de las primeras que debe valorar un profesional.
El decreto recoge también que los menores no emancipados solo pueden someterse a estas prácticas con el consentimiento informado de sus representantes legales. Es un requisito de la normativa autonómica que conviene conocer si el piercing es para una persona menor de edad.
Particularidades según la zona
Aunque los principios son los mismos, cada zona tiene sus matices:
- Lóbulo: es la perforación más sencilla y la que antes se asienta. Aun así, conviene no cambiar los pendientes antes de lo indicado.
- Cartílago (hélix, tragus, conch…): cicatriza mucho más despacio, es más sensible a la presión y a los golpes y es donde más se ven bultos de irritación. Requiere más paciencia y más cuidado al dormir.
- Nariz: el contacto frecuente con las manos, los resfriados y las mascarillas obliga a extremar la higiene.
- Ombligo, lengua y labio: son zonas con particularidades propias (humedad, ropa, comida, saliva). Las pautas son más específicas y conviene seguir al detalle las del profesional.
Si estás pensando en un piercing concreto, lo mejor es preguntar en el estudio por la cicatrización de esa zona: es la información más útil antes de decidirte.
Cuándo se puede cambiar la joya
Es otra de las dudas más habituales, y la respuesta es siempre la misma: cuando el profesional que te perforó dé el visto bueno. Cambiarla pronto es una de las causas más frecuentes de irritación, de bultos y de perforaciones que se cierran o se reabren mal.
Una vez cicatrizado, conviene mantener la misma norma: joyas de materiales adecuados, bien ajustadas, sin forzarlas, y revisión profesional si hay molestias. Una joya que aprieta, que queda corta si la zona se hincha o que roza constantemente es un problema esperando a ocurrir.
Pedir cita

Cuidados · 5 de noviembre de 2026
Cover up · 10 de noviembre de 2026
Estilos · 20 de noviembre de 2026